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El día después a la cura |

¿Qué ocurrirá el día después a la cura de la diabetes? Descubre la historia del abuelo

-No podía creer lo que tenía entre manos, solo el título me produjo un chute de adrenalina que recorrió mi cuerpo estremeciéndome. Pero este sentimiento rápidamente cambió y desde mis entrañas afloró una alegría inmensa que se reflejó en mi rostro con una sonrisa de oreja a oreja. Lo que me sucedió ese día no os lo vais a creer… era una carta del gobierno de España, que ponía que era citado para la semana que viene para la operación que cambiaría mi vida. Esa operación me iba a curar la diabetes. Tampoco era sorpresa, hace 10 años las noticias apuntaban a que se había descubierto la cura a la diabetes en un laboratorio de EEUU, ahora no recuerdo en que estado era, el caso es que hace 5 años la FDA, o algo así, aprobó la comercialización de los medicamentos para curar la diabetes. El problema que había era que costaba 10 millones de euros y casi nadie se lo podía permitir, pero ahora es diferente, el gobierno ha aprobado en el parlamento la financiación de la cura a 15 personas por año ¡Y yo era una de ellas! Las preguntas en ese momento me invadían, ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo para ganarme tal privilegio? No soy más que un humilde comerciante de telas.

Lo impresionante fue cuando salí de mi casa, quería contarle a mi esposa lo sucedido, ya que ella se encontraba trabajando a pocos metros de donde vivíamos, y de repente me atosigó un montón de medios de comunicación, con sus micrófonos, con sus cámaras y con sus preguntas. Los flashes me abrumaban y a mí en lo personal me daba mucha vergüenza salir por televisión. Recuerdo que una vez se inundó el pueblo por el desbordamiento del río y vi que estaban los reporteros preguntando a los vecinos por el suceso y yo, por no salir en las noticias, tuve que dar media vuelta y cruzar nadando todo el pueblo  para que no me entrevistasen.

El caso es que los reporteros me preguntaron si me sentía un privilegiado, si estaba nervioso, si tenía miedo… pero una de las preguntas que me hicieron es si volvería a sentir lo mismo que cuando me diagnosticaron la diabetes, pero al revés. Me explico, cuando me detectaron diabetes y tuve que adaptarme a una nueva vida, sufrí mucho hasta que me adapté a esa vida. Y ahora que empezaba una nueva vida, sin mi acompañante, ¿sufriría lo mismo con esta vida a la que ya no me acordaba que existía? Me quedé paralizado porque nunca lo había pensado, me derrumbé en aquél momento y rompí a llorar, había muchas emociones que experimenté aquél día. Recordé mis tiempos de juventud en las que no tenía diabetes y saber que iba a volver a aquella época me producía mucha nostalgia. Recordar toda aquella experiencia vivida, saber cómo esa esperanza de curarme que duró 29 años, se materializaba en aquél preciso instante, hizo de mí un hombre nuevo, aunque no todo salió como imaginé.

-¿Y después que pasó abuelo?

-A la semana siguiente, fui a Madrid para recibir el tratamiento que me curaría, siguiendo las directrices que me pusieron en la carta del gobierno. Fui con mi esposa y con vuestra madre. Nos subimos en el tren, y en la estación también había medios de comunicación, y para mi sorpresa me dijeron que el presidente del gobierno me recibiría en el hospital.

Durante el trayecto estaba nervioso, pero vuestra abuela y madre me dieron muchos ánimos, algún pasajero se acercaba preguntando si era el tío ese que se iba curar de la diabetes, casi todos me decían que tenían algún familiar con dicha enfermedad. Sus caras reflejaban mucha felicidad por mi situación, a pesar de que no me conocían de nada. Cuando llegamos al hospital, había multitud de gente en la puerta, y como no, estaba el presidente del gobierno, intenté esquivarlo porque una vez le dije a mi mejor amigo que jamás le estrecharía la mano a ese cretino. Y no quería quitarme un peso de encima al curarme de diabetes, para tener que soportar el peso de mi amigo llamándome hipócrita. Entonces, giré hacia la izquierda pero un señor me paró y me dijo que tenía que saludar al presidente ya que me estaba esperando. Yo le dije a ese hombre que no iba a saludarlo, entonces mi mujer me cogió del brazo y me pidió que hiciera el esfuerzo de saludarlo, ya que gracias a él había sido aprobado el presupuesto para curarme. Como no quería quedar mal delante de la prensa y de mi familia, tuve que estrecharle la mano. Le apreté la mano con la mayor fuerza que pude, pero él me respondió con más fuerza todavía y me hizo bastante daño. Y lo peor de todo es que esa brutal fuerza que estaba haciendo sobre mi frágil mano, ni se notaba que la estaba haciendo de cara a los medios de comunicación. ¡Sabía que era un cretino!

-Abuelo te estás yendo por las ramas. Ve al grano.

-Está bien, entramos al hospital me curaron y hasta el día de hoy

-Abueeeelo

-¿Qué?

-Cuenta la historia bien

-Está bien, está bien.  Entramos al hospital y me dijeron cómo iba a ser la intervención. Me dijeron que me iban a introducir unas células en las articulaciones, porque el sistema inmune ahí nunca podría atacar a esas células que me iban a producir insulina. Me dijeron que dicha intervención podría tener algunos inconvenientes, y que cada dos años habría que hacer la misma operación. Firmé unos cuantos papeles en los que decía que aceptaba el riesgo de la operación.

-¿Y después qué abuelo?

-Que cometí un gran error

-¿Cuál abuelo?

-Que sentí que era libre, demasiado libre. Quise hacer todo lo que no pude hacer con mi vida anterior. Me cogí un billete de avión y viajé por todo el planeta, conocí muchos lugares hermosos, pero también algunos horribles. Empecé a comer lo que no está escrito y engordé 25 kilos en menos de un año, no me privé de nada, pero lo peor de todo es que tenía mucho dinero ya que la fama de ser de los primeros españoles en curarme me hizo ser quien no quería ser. Hice todo esto sin escuchar a mi familia, que la sustituí por el dinero. Pero este, poco a poco se iba acabando mientras me iba consumiendo por dentro. Me estaba echando a perder, pero no me di cuenta hasta muy tarde. Una vez me miré a un espejo y me vi horrorizado de la persona que se veía reflejado en él ¡ese no era yo! Grité a viva voz. Pero sí lo era y en el fondo lo sabía, entonces caí en depresión durante muchos años, no quería ver a nadie y me refugié en soledad en lo alto de unas montañas de un país asiático.

Me quedé tan aislado que ni siquiera fui a mi operación de diabetes que tenía cada 2 años, así que volví a tener diabetes. Por culpa de la diabetes, me sentía igual que hace unos 40 años; con muchas ganas de orinar, beber agua, comer y con mucho cansancio. Esta situación me acentúo la depresión ya que no quería volver a lo de antes. Pero sabía que no tenía otra escapatoria que reaccionar, si no quería perder la vida, por muy desgraciada que fuese. Por este motivo, bajé de las montañas y me dirigí a la ciudad a comprar insulina. Cuando quise inyectármela no me acordaba cómo funcionaba y me entró una crisis de ansiedad. Me encontraba solo, desdichado y llorando con una jeringa en la mano. Después de eso, todo silencio, oscuridad y frío.

Pero noté unas manos invisibles que me acariciaban el rostro, era agradable ya que eran de tacto suave y cálido. Más tarde, fui recobrando la vista y la orientación. Me encontraba en un hospital de ese país asiático. Al lado mío, había dos personas que se levantaron de sus asientos al verme despertar. Me comentaron que había perdido el conocimiento porque tenía el azúcar alto y que por desgracia me habían diagnosticado de diabetes mellitus tipo 1. Yo me reí de ellos, hoy en día me arrepiento de ello, les dije que no tenían ni idea de quién era yo, que yo era capaz de curarme de esa enfermedad y de todas del mundo entero. Mi arrogancia no conocía límites. Ellos no se ofendieron si no que me ofrecieron su ayuda y me dijeron que todo saldría bien. Yo enrabietado por esas palabras, que tantas personas me dijeron en el pasado, me arranqué todas las sondas que tenía y me dispuse a irme, pero el señor que tantas promesas me hizo me intentó detener, más yo le empujé con toda mi fuerza contra el suelo y conseguí escapar. No quería estar ahí, quería volver a mi casa, o al menos a lo que quedaría de ella.

-¿Abuelo por qué te levantas? ¿A dónde vas?

-Me ha dicho tu madre que deberías hacer deberes

-Jopetas

-Obedece

-Un ratito más porfi

-Está bien, volví hacia mi casa, no tenía dinero así que tuve que ir viajando como pude, y con la insulina que iba robando en las farmacias. Ese viaje me hizo recapacitar mucho, yo quería mi vida humilde de antes, la de comerciante de telas, pero no quería tener diabetes. ¿Qué hice mal para no saber gestionarlo?

-Todo abuelo

-Calla era una pregunta retórica

-¿Qué es eso?

-Déjalo. Volví a casa. Ahí estaba esa casa de dos alturas, con su portal con puerta azul celeste. Me invadió el miedo y decidí darme media vuelta ¿Qué pensaría mi mujer y mi niñita de mí? Me atormentaba su rechazo, pero también su aceptación. Ya de espaldas a la casa, oí un ruido que procedía de atrás, me volví de nuevo y en efecto era mi mujer, y lo peor de todo es que nos encontrábamos mirándonos cara a cara. El silencio reinaba en esa horrorosa situación. Ella estaba preciosa, tanto o más que cuando la vi por primera vez en las fiestas del pueblo. Pero ahora ya no era mi mujer, no me la merecía, por todo el daño que le causé. El silencio se hizo insoportable, hasta que ella lo rompió diciéndome: "¡Juan has vuelto!" Y cobarde de mí solo fui capaz de decirle: "No, se ha debido de confundir con otra persona, señora". ¡Como pude ser tan desgraciado! Pero a veces nietos míos, cuando un ser tan horrible como yo, se ve desbordado por su condición, su corazón aflora y entonces corrí hacia ella y la abracé más fuerte que nunca rogándole su perdón. Los dos nos fusionamos en un mar de lágrimas durante horas.

Después, nos sentamos en el cuarto de estar de la casa y le conté todo lo que me pasó y ella me contó todo lo que ella había pasado. De mi boca brotaba arrogancia y de su boca dolor y sufrimiento, pero también esperanza de que algún día yo volviese. Cometí el error de que quise ser la persona que soñé y que nunca pude ser porque le culpé a la diabetes, pero ella jamás me impidió hacer nada, era yo el que me impedía lograr mis sueños. Le culpé a ella de haber perdido todo lo que había ganado, pero la culpa era mía. Culpé a la diabetes de hacer daño a las personas que quería, pero la culpa era mía. Pero cuando me curé, fue ese momento donde toda mi maldad retenida durante años afloró y se cargó mi vida que tanta felicidad me estaba dando. Pero una vez comprendido el mensaje,  todo es diferente, vuelvo a recibir el tratamiento, soy feliz igual que antes, y estoy rodeado de todos ustedes, al igual que antes. Porque aunque es fácil decirlo, tener diabetes o no tenerla, no debería hacernos cambiar nuestra forma de vida, nuestra forma de pensar y nuestra forma de compartir nuestra vida con los demás.

¿Qué te ha parecido esta reflexión? ¿Cómo os imagináis que será vuestra reacción al saber que os curáis? Déjalo por favor en los comentarios y disfrutemos entre todos de nuestras opiniones.

Yo si un día recibo tal noticia, lo compartiría con vosotros desde Diabetes AIB, pero en lo personal, creo que estaría muy emocionado y sería por fin un gran sueño hecho realidad, pero también sentiría un poco de "vértigo" por la operación y la nueva vida que me esperaría a la vuelta de la esquina. Porque una cosa es imaginárselo en nuestras mentes y otra cosa muy distinta es que se materialice esta situación. No obstante intentaría que el cambio a mi nueva vida sería lo más suave posible y que no cambie mucho mi forma de vivir, ya que la diabetes en teoría no nos debería de condicionar la vida, sé que es fácil decirlo y que la realidad es muy distinta. Yo ya he dejado mi opinión, ahora te toca a tí. 

 

Redactado por Idoate-Bayón con fecha de 20 de Agosto de 2019 a las 16:26





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